España es un país de luz, el perfecto lugar para que el Minotauro hiciera escala y se tumbase indolente en una playa malagueña dejando a Europa recostada en la cálida arena del mar mientras se recuperaba de tan fatigoso secuestro. Es un país de alegría, de optimismo, de canción y de romance, de verbena y de lisonja, un país donde los sajones han descubierto el júbilo necesario para venir a disfrutar de sus mejores postreros años, tras el retiro laboral. Suerte que tienen los sajones, en su mayoría protestantes, por no tener que sufrir el tormento del culto de los curas españoles. Para los guiris en general, España es un país mediterráneo, alegre y luminoso.

Para los españoles, en general, también, lo llevamos dentro. Aunque de vez en cuando sufrimos borrascas, nubarrones tormentosos provocados por las sombras de las sotanas cuando se agitan con vientos airados ¡Ay las sotanas españolas, cuanto habéis abusado de las ubres de la Madre Patria!

Para los curas españoles hay dos asuntos que consideran factores estratégicos, línea de supervivencia, desarrollo sostenible. Uno, el mercado de feligreses (supuesta razón profesional de ser); y otro, la financiación de la Empresa (necesaria organización para sostener el tinglado que permita atender a sus clientes). Estos son los pilares, los raíles sobre los que circula el tren en el que están
montados. Curiosamente son factores paralelos. El mercado (los fieles) no participa esencialmente en sufragar el tinglado, porque es una empresa subvencionada por el Estado.

Por eso, cuando oyen hablar de Libertad, se les disparan las alarmas y comienzan a remover Roma con Santiago (que cierra España). La Libertad, para ellos, es un principio malicioso, perverso, proclive a que se abuse de él y tendente a convertirse en libertinaje. Los curas tienen fobia a la libertad porque les acaba dejando sin clientes tras el sencillo proceso de relativizar todos esos mandamientos espirituales que tan sabiamente manipulan para tener a las conciencias atrapadas en la desazón y el sufrimiento interior, dependientes espiritualmente del consuelo que ellos pretenden administrar en exclusiva. La libertad vacuna a las conciencias de los discursos tremendistas, genera anticuerpos de vitalidad renovada y disuelve sutiles ataduras psicológicas.

También se les disparan las alarmas cuando ven que peligra la andorga. El clero español viejo entró en el sacerdocio por cuestiones de andorga, se mantiene en activo por cuestiones de andorga y morirán de viejos tratando de mantener la andorga satisfecha, porque no saben hacer otra cosa. Los curas de la Conferencia Episcopal, más aún, porque son los más listos. Los que llegaron a la cúpula clerical son aquellos seminaristas que nacieron en plena guerra civil española, en plena convulsión social y que en su más tierna infancia fueron derivados a los seminarios que el Caudillo Vencedor potenció desde el inicio, como fórmula de reposición del semillero de vocaciones sacerdotales masacradas por la turba roja. Los obispos de ahora no supieron del hambre de la posguerra, que sí vivieron sus padres y hermanos construyendo con el arado y con el martillo la nueva España. Su andorga estuvo siempre satisfecha porque siempre estuvieron sufragados, modestamente, eso si, por el Régimen franquista y por el sudor de su propia gente que no les escatimaba los mejores chorizos de
matanza casera.

Se ponen muy nerviosos cuando incapaces de gestionar otra tarea que no sea la manipulación espiritual de las conciencias ven peligrar su status. Añoran pasados concordatos. Y la sola premonición de que pudieran ver el momento de establecer una acuerdo de Estado con un eventual Gobierno de España proclive a ello, les ha disparado hacia una serie de manifiestos disparatados.

España cañí de nuevo. No me imagino en las elecciones norteamericanas ningún tipo de manifestación desde las confesiones religiosas, probablemente sea ilegal, la ley electoral seguro que lo contempla. Pero en España se sigue recurriendo al púlpito, a las homilías, a las pastorales, a los medios de comunicación controlados por la Iglesia para influir sobre las conciencias de los benditos, de las almas cándidas, de los limpios de corazón. Es una desvergüenza sin ambages.

Ya dije en un artículo hace meses que la derecha sería capaz de recurrir al modelo Coup d'Etat soterrado, a alguna fórmula de golpe de Estado sutil y profundamente antidemocrática, porque para la derecha española, la democracia es un mal necesario y, como los más inteligentes delincuentes, saben moverse perfectamente entre las grietas que el sistema democrático les permite para conseguir sus objetivos en una aparente legalidad.

Que Dios nos libre de los obispos (como si fueran los generales en el ejército de la curia católica) que de los militares ya nos libró el Rey.